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MUSEO VIRTUAL DE LA CIENCIA DEL CSIC
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EL ESPARTO
(Stipa tenacissima)

Es una planta herbácea de la familia de las Gramíneas, con tallo de 1 m de longitud aproximadamente que lleva en su extremo superior la inflorescencia y, en su base, numerosas hojas estrechas que se enrollan sobre sí mismas hasta el punto de parecer cilíndricas.

Estas hojas, con propiedades parecidas a las de la enea, constituyen el esparto y se siegan con cuidado para no destruir la planta que puede dar muchas más hojas en sucesivos años.

En la Península Ibérica es propia de las estepas del Centro, Levante y SE.

Detalles de la Industria del Esparto en Campanario. Desde muy antiguo se han fabricado con esparto numerosos objetos que estaban presentes en todas las casas: soplillos, esteras, persianas, espuertas, serones, aguaderas, cubiertas de garrafas, cinchos para la fabricación del queso, etc.
Ilustración del Esparto
Stipa tenacissima
(Macrochloa tenacissima)
Foto: Javier Fernández Casas
Precisamente en Campanario (Badajoz), a pesar de ser un pueblo alejado de los lugares donde esta planta se cría, se desarrolló una floreciente industria desde muy antiguo hasta la década de los 50 del s. XX, extinguiéndose poco a poco a medida que estos objetos o bien ya no se necesitaban como las aguaderas, o se hacían con otros materiales como goma y plástico. La mayor parte del esparto utilizado en Campanario procedía de Hellín (Albacete).

Las pleiterías eran los talleres donde se trenzaba el esparto para hacer tiras de diez o doce ramales que constituían la pleita o empleita (una trenza de pelo tiene tres ramales). Esta ardua tarea la realizaban exclusivamente las mujeres, pleiteras (=empleiteras) y cobraban al terminar la rueda que era una tira de 50 m. de larga. Se cobraba por rueda una cantidad que fue aumentando de 10 a 300 pts según mi primer y último recuerdo (finales de los 40 a finales de los 50 más o menos). La meta era hacer una rueda al día para lo que muchas mujeres tenían que trabajar desde las 5 ó 6 de la mañana hasta el anochecer. Las más diestras terminaban a mediodía.

Desayunaban y comían en la misma banca donde realizaban su trabajo, sin moverse apenas. No sólo era ardua la tarea por las horas que le dedicaban y por las condiciones de trabajo (se puede apreciar un poco en las fotografías), sino también porque se solían pinchar con los extremos, muy agudos, de las hebras (hojas) de esparto. A menudo se rompían las puntas y quedaban dentro de la piel con las consecuencias lógicas que de ello se pueden derivar. Para evitar estos pinchazos se protegían los dedos con dediles de cuero, pero como esta protección era parcial, los pinchazos se seguían produciendo.
Mujeres haciendo pleita en una pleitería.
Mujeres haciendo pleita en una pleitería.
Foto: Courtesy of the Hispanic Society of America. 1928

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