Los comienzos de la genética

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Oscar Hertwig (1849-1922), embriólogo alemán, estableció en 1875 el hecho de que la fertilización consiste en la unión de un espermatozoide masculino con un óvulo femenino.

En el mundo de las plantas, Rudolph Jacob Camerarius, (1665–1721) descubrió que éstas también se reproducían sexualmente y determinó los órganos sexuales en las flores. En la parte masculina de la flor, anteras, está contenido el polen, que juega el papel que ejerce el esperma en los animales. 

Estos descubrimientos fueron fundamentales para los experimentos de Mendel, ya que le permitieron controlar las polinizaciones.

Rudolf Jakob Camerarius (óleo de Johann Georg Dramburg, 1689)

Así a principios del siglo XIX se sabía que plantas y animales se reproducían a partir de los sexos distintos. Además se disponía de gran número de datos sobre la forma en que los animales de granja y las plantas cultivadas se comportaban desde el punto de vista genético: existían razas o variedades de animales que presentan características fijas y estables

En estos casos estaba garantizado que la descendencia tendría las mismas características que los padres. Entre estas variedades podemos citar las vacas cuernilargas, los caballos percherones, las manzanas reineta, etc… Pero no todos los caracteres de estas razas estaban igualmente "fijados". El color de la piel en algunos casos, de los ojos… etc, presentaban grandes variaciones.

A veces era posible cruzar individuos de distintas variedades, tales como los asnos y los caballos, con lo que aparecía una variedad nueva que recibe el nombre de híbrido, en este caso la mula. Pero no todas las variedades producen híbridos. En realidad son pocas las variedades que hibridan. Y los híbridos eran bastante impredecibles; algunas veces son idénticos a uno de los progenitores y otras tenían un aspecto intermedio. Cuando estos híbridos se cruzaban los resultados eran todavía más inesperados, y en muchos casos no eran fértiles. 

Incluso las razas estables producían algunas veces individuos extraños, como eran los perros enanos con patas muy cortas, o vacas sin cuernos. Lo curioso era que esas extrañas características a veces se "fijaban" si se cruzaban con individuos normales y daban lugar a nuevas razas estables, pero esto ocurría en casos aislados y siempre de forma impredecible.



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Genética y las leyes de Mendel. (2007). Sala de Biología. Museo Virtual de la Ciencia del CSIC.
Financiación: Proyecto CCT005-07-00209. 2007 año de la ciencia.
Autores: José María López Sancho / Esteban Moreno Gómez
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